Saludos de la Tierra del Cáncer: Chequeo de Seis Meses

Alysa Cummings
Abramson Cancer Center of the University of Pennsylvania
Ultima Vez Modificado: 28 de diciembre del 2008

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Mi chequeo de seis meses está casi acabando. Y hasta ahora, ha sido como de costumbre. Me han pesado y me han medido. Una enfermera ha comprobado mi presión arterial. Hemos pasado por la rutina de “hay-cualquier-masa-bulto-o-contusión”. (Preguntas clásicas durante el examen de cáncer. Preguntado y contestado. Verificado.). El doctor también ha acabado su danza con las yemas de sus dedos a través de los ganglios linfáticos en mi cuello. Un chequeo de seis meses significa sacar laboratorios de sangre, significa manos calientes presionando hacia abajo, significa dedos apuntando por todos lados, significa una búsqueda completa de arriba hacia abajo, para muestras “del enemigo” sobre y debajo de la cintura. Mi chequeo de seis meses está casi acabando. Ahora quizás mi corazón puede parar su carrera de pánico e ir más despacio, quizás sonar algo más cercano a lo normal. No que hay alguna cosa normal sobre ser tratada por un oncólogo. Estoy nerviosa por días de antemano. Estoy que casi brinco del elevador hacia el cuarto piso del hospital. Así que alrededor de ahora estoy ya lista para exhalar. Quiero volver a vestirme. Quiero estar en algún otro lugar, (dondequiera, para ser sincera). Mi chequeo de seis meses está casi acabando. El oncólogo se lava las manos en el lavamanos, su espalda hacia mí mientras que me siento en la mesa de exanimación agarrando los extremos de la bata color salmón juntos sobre mi pecho desnudo. Oigo la voz del doctor sobre el salpicar del agua mientras se enjabona, Todo parece bien, él dice, alcanzando una toalla de papel. De hecho, sus cuentas de sangre están bastante bien para que usted pueda recibir quimioterapia hoy. Y con esa oración simple soy una sobreviviente halada hacia el tiempo pasado, de esta realidad en otra, desde aquí y ahora de nuevo hacia allí y entonces, a este mismo cuarto, esta misma escena años y años y años atrás, cuando un sillón para recostarse color azul de bebé en el salón de quimioterapia más adelante en del pasillo era de hecho la parada siguiente después del chequeo. Un sonido primitivo, un ruido crudo que suena un pedacito como nooooooo se estrangula de salida de mi garganta. El onco-medico se ríe de su onco-broma que acaba de jugar sobre mi.